Hackers revientan cifrado cuántico

El cifrado cuántico se postulaba como el sistema más seguro de la historia, teóricamente inexpugnable y además, imposible asaltarlo sin dejar constancia del ataque, en caso de intentarlo siquiera. Tan felices se las prometían los inventores de esta nueva filosofía de seguridad informática, que se quedaron mudos cuando un grupo de expertos canadienses consiguió reventar el cifrado cuántico. Se consolaron pensando que aunque hubieran podido acceder a la información, al menos no pudieron evitar dejar huella del intento. Sin embargo, los dioses/diablos de la era de la información, han vuelto a dar una vuelta de tuerca y han logrado lo que nadie puede creer: han conseguido reventar un sistema de seguridad cuántico sin dejar el más mínimo rastro de su acción.

Makarov ha logrado violar lo que se consideraba inexpugnable

Por primera vez se ha violado un sistema comercial basado en tecnología cuántica sin dejar huellas del ataque. El Grupo de Hacking Cuántico de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega ha liderado una hazaña que ha dejado sorprendidos a los expertos que se jactaban de la invulnerabilidad de dicha tecnología. Y lo mejor de todo es que se ha conseguido con materiales comprados en una tienda cualquiera. No han hecho falta complejos láseres de ciencia ficción o imposibles reactores termonucleares de fusión. El jefe del grupo, Vadim Makarov, afirma que sólo en un par de meses y armados con material comercial han engañado al sistema introduciéndose por un agujero de seguridad que nadie había descubierto antes.

El recepto es cegado por un láser y su reacción es lo que aprovechan para colarle la trampa

La criptografía cuántica basa su potencial de invulnerabilidad en lanzar el mensaje mediante fotones. Esta luz llega al receptor donde se descodifican sus posibles estados

en forma de 0 y 1.  Por el principio de incertidumbre enunciado en 1927 por el premio Nobel de Física Werner Heisenberg, en el mundo cuántico la simple observación de un fenómeno produce su perturbación, por tanto, sólo con intentar mirar lo que “dice” el haz de luz, se destruye el mensaje y el receptor se da cuenta de ello, comunicándole al emisor que la clave secreta ha sufrido un intento de violación. De esta manera, matan dos pájaros de un tiro: por un lado evita que se sepa lo que dice el mensaje y, por otro lado, avisa del intento de hackeo. El grupo canadiense ya logró descifrar el mensaje pero no evitó que saltaran las alarmas. Makarov ha llegado al punto máximo de todo hackeo y ha logrado la perfección: descifrar la clave sin que se enteren de que lo han hecho.

Los directivos están encantados del hackeo porque así podrán rediseñar el sistema

Su técnica consiste en usar un láser común de 1 milivatio para “cegar” al  receptor. Cuando esto sucede el grupo envía una señal clásica, no cuántica, que el receptor acepta sin rechistar. Por tanto, ya no se aplican las reglas cuánticas sino las tradicionales, consiguiendo de esta manera engañar al sistema y apropiarse de la clave secreta sin que se perciban de ello los mecanismos encargados de la tarea. Makarov y su equipo han demostrado que el hack funciona con dos sistemas disponibles en el mercado:  ID Quantique (IDQ), con sede en Ginebra (Suiza) y MagiQ Technologies, con sede en Boston(Massachusetts). Los directivos de ambas empresas se muestran encantados de la hazaña del grupo Makarov porque afirman que gracias a ellos podrán rehacer el sistema y convertirlo en un producto más seguro. De todos modos, Makarov insiste en que los sistemas cuánticos son lo mejor que existe en seguridad. Simplemente hay que actualizarlos un poco (como todos).

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